Caminos y Dones
El pasillo estaba casi vacío cuando Ana salió del despacho. Las lámparas encendidas lanzaban un resplandor dorado sobre las paredes de piedra y el eco de sus pasos era el único sonido que la acompañaba. Caminó despacio, repasando en su mente cada palabra del Alfa.
Cuando llegó a la bifurcación del corredor, dudó. A la derecha se extendía un pasillo más amplio que conducía hacia la entrada principal, a la izquierda una galería estrecha con tapices antiguos. No recordaba por cuál