Cuento Contigo
-Tú Don también podía resultar así. -Ana se congeló allí, dejando la mano quieta en la espalda
-Esa noche… cuando te pedí que guardaras silencio de lo sucedido frente a Dima, ¿Lo recuerdas?
El silencio del templo no era cómodo.
Era expectante.
Ana mantenía la vista fija en la estatua, como si la Diosa pudiera absorber sus dudas y preocupaciones. Ashven, en cambio, la observaba a ella. No de forma invasiva, pero sí con demasiada atención como para fingir indiferencia.
-Si vas a s