68. CONFÍA EN MÍ
ISABELLA
El sonido húmedo y el chasqueo de nuestros labios unidos llenaba mis oídos y calentaba mi sangre.
Nuestras respiraciones, aceleradas, al igual que nuestros corazones.
Estaba descubriendo lo bien que me sentía metida entre esos fuertes brazos, contra ese pecho confiable.
Kaden me abrazaba, recostada al tronco de un árbol, en el bosquecito detrás de mi dormitorio.
Inclinado sobre mí, su cabello plata cosquilleaba en mis mejillas mientras movía la cabeza para cambiar el ángulo de nuestras