68. CONFÍA EN MÍ
ISABELLA
El sonido húmedo y el chasqueo de nuestros labios unidos llenaba mis oídos y calentaba mi sangre.
Nuestras respiraciones, aceleradas, al igual que nuestros corazones.
Estaba descubriendo lo bien que me sentía metida entre esos fuertes brazos, contra ese pecho confiable.
Kaden me abrazaba, recostada al tronco de un árbol, en el bosquecito detrás de mi dormitorio.
Inclinado sobre mí, su cabello plata cosquilleaba en mis mejillas mientras movía la cabeza para cambiar el ángulo de nuestras bocas.
Su lengua penetraba dominante, lamía todo mi interior, me robaba el aliento.
Me aferré a su chaqueta, entregándome a él; el deseo que sentía por este hombre crecía a cada segundo.
Un beso inocente de despedida podía convertirse en un fuego abrazador.
Mi espalda se pegó a la corteza; creí sentir el dolor de siempre, pero la mano de Kaden me sostenía, me protegía, y todos esos pequeños gestos estaban haciendo mella en mi alma.
No debería estar codiciando tanto a este macho.
—Mnnn —gemí cua