60. TE ELIJO A TÍ
ISABELLA
— Hay cosas que no se pueden compartir. O las tomas para ti o te serán robadas tarde o temprano.
Fue su respuesta y, no importaba cuánto examinara esas facciones arrugadas, no entendí el augurio.
¿Se refería al don compartido entre Savannah y yo?
—¿De qué ha…? —fui a preguntarle, pero se levantó sacudiéndose la falda.
Rebuscó entre los bolsillos escondidos en los pliegues de la ropa y sacó un papel arrugado.
Su mano se movió en el aire y una pluma negra apareció de la nada.
Garabateó algunas cosas, mientras yo la miraba como tonta, pelando lentamente la nuez en mi mano.
—Estoy listo.
La voz de Kaden resonó saliendo del interior.
Me asombró ver que llevaba una ropa diferente; parecía que se iba de caza al bosque mientras yo continuaba en el pijama de cuadros.
—Justo a tiempo para que te largues de mi casa, príncipe maleducado —le dijo, sin gota de respeto.
Kaden frunció el ceño con un resoplido y fue a abrir la boca, pero me levanté como un resorte.
—Nos marchamos enseguida,