61. HAGAMOS LOCURAS JUNTOS
ISABELLA
Sus piernas poderosas se impulsaron varios metros y grité con el rostro escondido en su cuello.
Mis muslos se cerraron con fuerza y mis manos casi lo ahorcaron.
Kaden clavó esas garras como dagas en las mismas rocas y empezó a escalar hacia las alturas.
“¡Estás loco!”, no pude evitar gritarle; definitivamente ya me había pasado todo el protocolo por la braga.
Una risa ronca salió de sus labios mientras sus botas buscaban apoyarse en los salientes de las piedras.
“Lo dice la mujer que ap