58. EN LA CASA DE OTRA PERSONA
ISABELLA
Me quedé rígida, casi aguantando la respiración, sintiendo el resoplido de esa nariz húmeda olfateando entre mi cabello, acariciando mi cuello y haciéndome cosquillas.
Reprimí las ganas de retorcerme bajo el peso dominante que no me dejaba mover ni un músculo.
Cualquiera estaría incómoda en esta posición; el calor del pelaje se volvía sofocante. Sin embargo, era un refugio donde me sentía a salvo.
“No te pongas nerviosa…” Me tensé al escuchar esa voz ronca en mi mente, a través del vín