198. QUIERO HACERTE MI MUJER
ALISTAIR
Mis dedos rodearon la entrada diminuta, llena de tentaciones, y casi podía ver las contracciones cachondas de su vagina.
Me retiré el cabello sudado del rostro con el corazón a mil.
Diosa… mis deseos y mi honor colisionaban en mi mente caliente y pidiendo sexo… y no cualquier sexo... Estar con mi alma gemela me volaría los malditos sesos.
Subí mi mirada para ver nuestras magias danzando por todo el cuarto como un espectáculo de chispas en una sintonía perfecta.
—¿Alistair? —cerré l