149. ESTOY VENCIDA DESDE EL INICIO
ISABELLA
Me dejó hacer lo mío mientras abría una bolsita pequeña de terciopelo suave.
La curiosidad me hizo parar a mitad de la mamada para curiosear.
Sacó un dispositivo plateado pequeño, como una mini zanahoria, y algo brilló en la base, donde tenía incrustada una joya enorme.
Me tiró un poco del cabello, deteniéndome de mi faena.
Su polla se deslizó fuera de mi boca con un pop pecaminoso, resbaladiza de saliva y líquido preseminal.
—¿Qué es eso? —mi voz ronca resonó en la oscuridad, sabiendo