233. UN FÉNIX SIN CADENAS
NARRADORA
El cuerpo del príncipe aún temblaba por la ira contenida y su mente procesaba de golpe toda la cruda verdad.
Y era tan horrible, tan grande, que podía enloquecer a cualquiera.
—Él me estaba esperando, sabía que iría a atacarlo mientras dormía. El secreto tan bien guardado, que jamás le había revelado ni a tu madre, mi mejor arma… él lo descubrió.
La voz de Héctor resonó con amargura a su lado.
Las restricciones en ese sitio se habían roto por completo, ya no había nada que ocultar.
—¡