237. MI VIDA TE PERTENECE
NARRADORA
Su loba aulló de repente, con el apremio gritando en su alma, y él alzó la cabeza en la distancia, como si pudiese sentirla a través de esa ventana en el segundo piso.
Luchó por avanzar más rápido, pero su cuerpo vencido cayó de bruces sobre el césped mojado.
—¡Héctor! —Viviana gritó de nuevo, corriendo de repente y apartando a las personas que entraban a verificar el estado de Ágata para ayudarla a despertar.
Nadie realmente prestó mucha atención a la loba enloquecida que salió corri