150. UNA PEQUEÑA SORPRESA
KADEN
Me latía la mandíbula de tanto apretarla, con los colmillos deslizándose hacia afuera mientras unos gruñidos salvajes peleaban por abrirse paso desde mi garganta.
Joder... ahora mismo el castigo se sentía como si fuera para mí, con esta hembra más caliente que un horno montándome la polla como si fuera su maldito juguete.
—¡Aaah, se siente tan apretado con esa cosa en mi culo! —gritó, echando la cabeza hacia atrás mientras me clavaba las uñas en los hombros; sus muslos firmes se tensaron