113. OJO POR OJO
NARRADORA
Las cadenas rojas y oxidadas parecían salir de las mismas profundidades de la tierra.
El crujido violento de las tablas sonaba como el rugido de un viejo monstruo que se escondía en esta cabaña.
Se enredaron en sus piernas y manos, apresándola de rodillas, clavándose en la piel de Loira y quemándola en carne viva.
Kaden saltó a un lado, sintiendo cómo el fuego casi le chamuscaba las pestañas.
Su espalda chocó contra la pared de rocas y buscó desesperado a Isabella.
—¡Ahora, Isabella!