11. UNA MENTIRA MUY CONVENIENTE
KADEN
Por un segundo pensé que era Miska, pero el aroma embriagador de las moras jugosas hizo saltar mi polla y elevó la hinchada punta hacia arriba.
Ash olfateó gruñendo excitado, ese aroma despertaba la lujuria en mi interior.
Ella estaba de rodillas, casi desnuda, en medio de mi habitación y joder… ¿no que me molestaban las hembras sumisas?
— ¿Qué rayos estás haciendo en mi habitación… Savannah?
Mi voz salió ronca y baja.
Observé su estremecimiento de pies a cabeza.
— Vine… — tragó de manera