—Amaya, sea lo que sea, puedes decirlo —trató de alentarla a hablar, mientras la acurrucaba encima de sí y le acariciaba el cabello.
La joven no dejaba de sollozar, consciente de lo mal que estaba su vida.
—No es importante —dijo en su lugar.
No quería darle más detalles sobre sí misma. A pesar de que tenían sexo ocasional, Damián no era una persona de su confianza. No era nadie en realidad. Era solamente su amante.
—¿Acaso es un secreto lo que te atormenta? —presionó Damián, pensando en el