Amaya no podía hacer otra que llorar, mientras estrechaba a sus hijas en sus brazos, con la atenta mirada de Damián clavada a su espalda.
Pero ese momento era de ellas y no permitiría que nadie lo interrumpiera o le quitará la magia.
Había deseado tanto volver a verlas, había incluso soñado innumerables veces con ese momento y finalmente se estaba cumpliendo. Se sentía como un sueño hecho realidad.
—Mamá —balbucearon las niñas, haciendo que su corazón se sintiera a punto de explotar en su pe