Amaya no supo qué sentir cuando regresó a aquella pequeña casa y la encontró completamente vacía, la oscuridad lo bañaba todo y sus ojos se humedecieron al recordar la ausencia de sus hijas.
Sus pasos vacilantes hicieron eco en la diminuta estancia, mientras las palabras de Ben se repetían como un mantra.
“Tú y yo no tenemos nada más de qué hablar, a menos que el tema en cuestión sea referente al divorcio. Pero te ahorraré la molestia, mis abogados se encargarán de contactarte muy pronto”
Aho