La mañana en la mansión Fox no podía ser más luminosa, aunque el aire se sentía cargado de una electricidad residual que solo Tyler y Amber comprendían. La mesa del comedor estaba servida con un banquete digno de la realeza, pero el invitado de honor no era un socio de negocios, sino Beatriz Fox, la elegante y observadora madre de Tyler.
Tyler estaba de un humor inusualmente radiante. No era solo por la visita de su madre —a quien respetaba profundamente—, sino por la mirada que intercambiaba c