La oscuridad del Golfo de México era su único cómplice. A pocos metros, las risas de Casandra y los gritos de Dominic cayendo al agua creaban una cortina de sonido perfecta. Bajo la superficie, sin embargo, el mundo se había reducido a dos cuerpos entrelazados y el movimiento rítmico de las olas.
Tyler no esperó permiso. Sus manos, grandes y firmes, se deslizaron con una urgencia posesiva por debajo del borde de licra del traje de baño de Amber. Ella soltó un jadeo entrecortado, agarrándose a l