El ambiente en la planta baja de la mansión era una olla a presión. Mia se había tropezado mientras corría por el pasillo de mármol y sus llantos desconsolados atrajeron a los adultos al vestíbulo. Amber ya estaba allí, arrodillada, revisando la pequeña raspadura en la rodilla de la niña con la ternura de siempre, pero la sombra de Beatriz Valois se proyectó sobre ellas como un cuervo.
—¡Apártate de ella, mujer incompetente! —gritó Beatriz, apartando a Amber con un empujón—. Mira cómo está la n