Jules despierta envuelta en calor.
No es el sol lo primero que siente, ni siquiera el suave balanceo del yate mecido por un mar todavía adormecido.
Es la certeza de unos brazos firmes rodeándola, protectores, como si el mundo entero hubiera sido reducido a ese gesto simple y absoluto.
A ese espacio mínimo donde nada más importa.
Hay un latido constante bajo su mejilla. Tranquilo. Seguro.
Alec ya está despierto.
Jules lo sabe antes incluso de abrir los ojos. Hay una quietud distinta en su cuer