El trayecto de regreso al yate se siente distinto.
No hablan mucho. No lo necesitan.
Alec conduce con una mano firme sobre el volante, la otra apoyada distraídamente en el muslo de Jules, como si necesitara ese contacto constante para asegurarse de que ella sigue ahí, que no fue solo un paréntesis perfecto en medio de una noche irreal.
Sus dedos dibujan círculos lentos, casi distraídos, pero cada roce provoca una respuesta inmediata en el cuerpo de ella.
Jules observa el reflejo de las luces s