La mañana llegó y Noah abrazaba fuerte a Olivia contra su cuerpo. Ella sonrió apenas abrió los ojos. Despertar entre sus brazos se había convertido en una de sus cosas favoritas en el mundo. El calor de su piel, su pecho firme en su espalda, su aliento en su cuello y ese aroma tan especial que solo le pertenecía a él hacían que cada despertar se sintiera seguro y perfecto.
—Buenos días, ratoncita —susurró Noah contra su cuello antes de depositar un beso suave sobre su piel.
—Hola, amor.
—¿Dormi