Noah se quedó unos segundos observándola desde la puerta. La luz de la tarde entraba por la ventana de la habitación iluminando suavemente su cabello mientras ella contemplaba el exterior en silencio. Por un instante parecía tranquila, pero él conocía demasiado bien a su ratoncita para dejarse engañar. Sabía que detrás de aquella pequeña sonrisa seguía existiendo miedo.
Caminó despacio hasta la cama.
—¿Qué miras?
Olivia giró la cabeza y sonrió apenas.
—Nada en especial. Creo que después de esta