Los días pasaban y Noah había establecido un horario inquebrantable para las clases de Olivia. Había aceptado que continuara estudiando desde casa, pero bajo sus condiciones. El profesor Adrián Beaumont solo podía ir cuando él estuviera presente y jamás en horarios donde tuviera que ausentarse. No era que desconfiara de Olivia, porque confiaba plenamente en ella, pero sí desconfiaba del resto de los hombres del planeta, especialmente de un profesor joven, atractivo, inteligente y soltero que pa