Los días pasaron y, aunque Noah intentaba mantenerse tranquilo por Olivia, la realidad era que cada jornada se convertía en una batalla constante contra su propia ansiedad. Desde que ella había regresado a casa, prácticamente vivía pendiente de cada respiración, cada gesto y cada movimiento suyo.
Aquella mañana Olivia estaba sentada cómodamente en el sofá del salón principal. Sobre sus piernas descansaban varios apuntes y cuadernos que Eduard le había enviado desde la universidad. Mientras repa