Cuando al fin el profesor se fue, Noah observó la puerta cerrarse y soltó un suspiro largo, como si acabara de librarse de una amenaza nacional. Luego bajó la mirada hacia Olivia y una expresión completamente distinta apareció en su rostro. Toda la tensión desapareció y fue reemplazada por una mirada cálida, dulce y profundamente enamorada.
Olivia arqueó una ceja al verlo así.
—¿Pasa algo?
—Te amo, ratoncita.
Ella sonrió confundida.
—¿Y eso?
—Escuché todo lo que le dijiste al profesor.
Olivia a