Ratoncita porfiada.

Al fin llegaron a la mansión. Tal como había prometido, Noah no permitió que Olivia diera ni un solo paso. La llevaba en brazos desde que salieron de la clínica, ignorando por completo cada una de sus protestas. Olivia permanecía acurrucada contra su cuello, demasiado cansada para seguir discutiendo, mientras inhalaba aquel aroma tan característico suyo que siempre lograba tranquilizarla. Detrás de ellos caminaba Lily dando pequeños salt

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