Noah estaba de pie junto a la ventana de la habitación, con el teléfono apoyado contra su oído mientras observaba el cielo que comenzaba a oscurecerse. A pocos metros de él, Olivia dormía profundamente. Los analgésicos finalmente habían conseguido darle algo de descanso después de todo lo ocurrido, y aunque su respiración era tranquila, Noah seguía vigilándola cada pocos segundos, sin perder el más mínimo cambio. Noah contestó la llamada que entraba.
—Hola.
—Hola, me dijo mi hijo que algo le ha