La noche pasó lentamente dentro de aquella habitación de hospital.
Noah no cerró los ojos ni un instante. Permaneció sentado junto a la cama, sosteniendo la mano de Olivia entre las suyas mientras observaba cada respiración, cada movimiento imperceptible de su pecho, cada sonido que emitían los monitores. El miedo seguía instalado dentro de él como una sombra imposible de expulsar. Había pasado horas enteras imaginando escenarios terribles, recordando una y otra vez el momento en que la vio cae