La mañana transcurrió lentamente dentro de la habitación de la clínica. Olivia ya estaba despierta y, aunque seguía débil, el color comenzaba a regresar poco a poco a sus mejillas. Noah no se separaba de ella ni un segundo. Cada movimiento era supervisado por él como si estuviera manipulando algo infinitamente frágil.
—Noah, de verdad no creo que sea tan literal eso de no hacer fuerza.
—Sí lo es.
—Solo quiero sentarme.
—Y yo quiero que nuestro bebé siga exactamente donde está.
Olivia soltó una