Mikkel volteó a ver a Lía en cuanto Arthur salió, tenía los puños apretados, una vena palpitaba en su frente, reflejando la ira que estaba sintiendo.
—¿Así es como dices que me amas? —preguntó, su tono era de acusación.
Ella lo miró, furiosa, ¿Se atrevía a preguntar eso?, pero entonces, una sonrisa fría y perversa apareció en sus labios, si Mikkel quería jugar sucio, pues también ella podía hacer lo mismo, “está bien querido, entonces jugaremos el mismo juego.”
—¿Y quién te dijo que yo te amo?