Elín miró a Mikkel, estaba aterrorizada, lloraba, jamás lo había visto de esa manera, aun cuando lo había visto furioso en algunas ocasiones.
—¿Tanto la amas? —susurró.
Mikkel la apretó su cuello un poco más, Elin tosió dos veces.
—La amo más que a nada, junto a ella, tú no eres nada.
Elín se dobló de repente, se agarró el vientre y gimió.
—Mikkel, mi vientre, nuestro hijo.
Mikkel la soltó, alzó una ceja, mirándola.
—No vas a engañarme —dijo, tampoco era que hubiera apretado su cuello demasiad