Astrid palideció, el color se le escapó de la cara, parecía que estaba viendo un fantasma, pero no, era el mismísimo Erick, estaba ahí. frente a ella, vivo. Respirando y mirándola con esa sonrisa fría que ella recordaba demasiado bien.
Era el mismo hombre al que había empujado por la borda del yate año y medio atrás. El mismo al que la policía había buscado durante semanas sin encontrar ni un rastro. El mismo al que había dado por muerto mientras se repartía su fortuna con sus padres como si