Al otro día por la mañana, Mikkel se despertó con una tremenda resaca, la cabeza le latía de tal manera que sentía como si le fuera a explotar en cualquier momento, se levantó despacio, sentía el estómago revuelto y la boca seca, se quedó sentado en la cama por un momento, respirando profundamente, intentando que la habitación dejará de girar a su alrededor.
—Joder… —murmuró de mal genio —eso es por tu culpa, Lía.
Buscó el teléfono y enseguida le marcó a Arthur, el teléfono sonó varias veces an