Por la mañana, Elin cruzó el pasillo, la orden de Mikkel la hacía sentir furiosa. ¿Ya no era necesaria? Después de meses aguantando su maldito carácter, después de escucharlo gemir el nombre de “otra” entre sueños, y Henrik, ese maldito viejo entrometido, la había respaldado.
Por supuesto que no se iría así,
Llegó a la puerta de la habitación de Mikkel, está vez no llamó, solo giró el pomo y empujó la puerta.
La habitación estaba en penumbras, solo entraba un ligero rayo de luz por la esqui