Lía intentó limpiarse las lágrimas, tenía todo el rostro húmedo.
—En la guantera hay un pañuelo —le informó el joven.
Ella sacó el pañuelo y empezó a secarse la cara.
—Bueno, pues ahora me tienes a mí, ya no los necesitas —soltó la joven con amargura y volvió a llorar. Se sacudió la nariz.
Oliver por alguna razón se sintió aliviado, sentía que Lía ya estaba llorando por los dos. Verla llorar lo consolaba, sus lágrimas le informaban que no estaba solo.
Al llegar al apartamento, Lía buscó directa