En otro extremo del pabellón, Kenan y Jano se habían quedado en el pasillo, sin tener demasiadas ganas de entrar cada uno a su habitación, hacía tiempo que los gritos habían terminado, aquella desesperación que había sentido Taylor y en la cual ellos nada habían podido hacer, porque no existía posición alguna que pudiese bajarle la temperatura, nada lo hubiese hecho entrar en razón, por más que ellos lo hubiesen deseado, porque no era sólo Taylor desbordando excitación, era también su lobo fuer