Taylor tardó en dejar de llorar más de lo que había tardado en dejar de aullar, tanto así que, bajo su cuerpo, el suelo estaba húmedo de sudor, sangre y lágrimas; y sobre él, el peso de la culpa le oprimía más que cualquier cadena, el deseo brutal que lo había estado consumiendo se había ido apagando con cada palabra que Sky y él habían lanzado… no como un arma, sino como un espejo.
“Eres mi guerrero. Se supone que debes protegerme, consentirme, amarme y adorarme”.
“Siempre quisiste ayudar, ¿ve