El banquete de bienvenida fue, a ojos de la corte, un espectáculo impecable, la mesa principal rebosaba de platos humeantes, copas de cristal oscuro llenas de vino espeso, frutas que parecían talladas en gemas y carnes envueltas en salsas brillantes, mientras los músicos demoníacos llenaban el fondo con una melodía grave, hipnótica.
Sky comió, no con gula, pero sí con una tranquilidad que habría sorprendido a cualquiera que la conociera del reino lobo, ella al fin disfrutaba de los sabores, del