Taylor avanzaba con paso apresurado por el pasillo del segundo piso, la mente funcionando tan rápido como sus pies, y es que no estaba pensando en hacerle daño a Sky, al menos no de la forma en la que todos asumirían si lo vieran, y es que en su cabeza, muy por el contrario, estaba convencido de que iba a ayudarla, porque, para él, Sky era una mujer lobo, defectuosa, tardía, extraña… pero loba al fin, y los lobos, en su mundo, se “arreglaban” con fuerza.
Mientras caminaba, repasó en segundos to