82. El pacto sin rostro.
El santuario que una vez es nuestro refugio, nuestro hogar sagrado, ahora parece un eco hueco de lo que ha sido, un lugar donde la sombra del niño se arrastra, invisible pero tangible, dejando huellas que sólo pueden leerse en la piel y en el alma. Es un tiempo de secretos entretejidos en el silencio, de miradas que esconden tempestades, y en medio de todo eso, siento cómo la presencia de mi hijo se extiende como una sombra sin rostro, una presencia que marca sin ser vista, que toca sin ser toc