500. El consentimiento del abismo.
La invitación no se pronuncia en voz alta porque hacerlo la volvería negociable, y yo no estoy ofreciendo un acuerdo sino una posibilidad peligrosa, una apertura que no puede cerrarse sin dejar marcas, de modo que avanzo con la calma de quien sabe que cada paso ya ha sido observado incluso antes de decidirlo, y el palacio, atento como un animal antiguo, se reacomoda a mi paso con una docilidad que no es sumisión sino expectativa.
La tercera fuerza responde como lo hacen siempre quienes temen pe