472. La arquitectura del deseo observado.
La reacción no se hace esperar, aunque no adopta la forma que muchos anticipaban, porque no hay decretos inmediatos ni condenas formales, sino algo más insidioso que se filtra en los días siguientes como una humedad persistente, una atención constante que se posa sobre mí con la excusa de la vigilancia y termina revelándose como fascinación mal disimulada, y mientras camino por espacios que ahora se abren con una cortesía demasiado estudiada, siento cómo la sensualidad de lo ocurrido con Saelit