449. El umbral de lo irreversible.
No hay ceremonia que anuncie el giro, solo una acumulación de microfracturas que, al alinearse, producen un silencio nuevo, más denso que cualquier estruendo, y en ese silencio avanzo con la certeza corporal de que el campo ha dejado de preguntarse si debe responderme para empezar a anticiparme, como si hubiera aprendido a leer la intención antes de que la formule, y esa intimidad expandida me recorre con una lentitud casi táctil, despertando una lucidez que se parece demasiado al placer para s