447. Eso también es parte del riesgo.
No hay anuncio previo ni señal inequívoca de que algo haya cambiado, y sin embargo despierto con la certeza física de que el campo ya no responde solo a mis decisiones, una sensación sutil pero persistente en la base del esternón, como si el aire hubiera aprendido una cadencia nueva durante la noche y ahora me invitara a acompasarme a ella sin imponerle ritmo, y en esa invitación comprendo que la marea de la que fui umbral empieza, por fin, a hablar con otras voces.
No todas son claras.
No toda