363. No es un nombre.
Y entonces sucede.
La primera cadena se rompe.
No con un estallido, sino con un sonido casi húmedo, como si algo vivo se desgarrara desde adentro, y la energía que había sido contenida durante siglos se derrama alrededor de Aeshkar, envolviéndolo como un mar de fuego antiguo.
Él respira hondo, una inhalación que parece robar el aire del mundo, y cuando abre los ojos, la mezcla de oscuridad y deseo que contienen me golpea como una corriente eléctrica que recorre mis huesos.
—Névara.
No es un nom