363. No es un nombre.
Y entonces sucede.
La primera cadena se rompe.
No con un estallido, sino con un sonido casi húmedo, como si algo vivo se desgarrara desde adentro, y la energía que había sido contenida durante siglos se derrama alrededor de Aeshkar, envolviéndolo como un mar de fuego antiguo.
Él respira hondo, una inhalación que parece robar el aire del mundo, y cuando abre los ojos, la mezcla de oscuridad y deseo que contienen me golpea como una corriente eléctrica que recorre mis huesos.
—Névara.
No es un nombre.
Es una sentencia, una invocación, una declaración.
Los Selladores entran en pánico.
—¡Rompan las otras dos antes de que él!
Demasiado tarde.
La segunda cadena estalla convertida en polvo luminiscente, expandiéndose en un círculo abrasador que empuja a los Selladores hacia atrás; uno de ellos cae de rodillas, otro pierde el control de su sello, el tercero comienza a sangrar por los ojos mientras intenta reconstruir una estructura espiritual que no puede sostenerse frente al vínculo que renac