362. Un ataque prohibido.
Su voz no suena con palabras humanas, sino con la vibración del mismo vínculo que compartimos, un eco que se desliza entre mis costillas como una caricia que no pide permiso, y el simple hecho de escucharlo hace que los Selladores pierdan el control de su propia compostura, porque saben que si respondo a ese llamado, si permito que la memoria se integre por completo, nada podrá detener lo que viene.
Ellos dan el primer movimiento: un ataque conjunto que no apunta a destruirme, sino a arrancar d