251. Suspiros calientes en el jardín prohibido.
La noche respira distinto cuando el jardín prohibido se abre ante mí como un secreto que no debería pertenecerme y, sin embargo, me reclama con sus perfumes espesos, con el murmullo de las hojas agitadas por un viento que parece venir de ninguna parte, con la humedad que brilla en las flores como si fueran labios recién humedecidos; camino despacio entre los senderos de piedra desgastada, dejando que la seda de mi vestido roce apenas contra los arbustos cargados de rocío, consciente de que cada