218. Él me observa mientras me despojo del vestido.
El fuego de las antorchas tiembla en las paredes como si supiera lo que está por consumarse, y mientras camino hacia el lecho, mis pasos se sienten pesados y al mismo tiempo livianos, como si en cada uno cargara con la certeza del fin y con la extraña libertad que se esconde detrás de la condena. El conspirador me espera, sentado, con el torso desnudo, los músculos tensos, los ojos brillando con ese fulgor de posesión que tantas veces fingí aceptar, aunque por dentro lo he convertido en mi alim