173. La rival desatada.
La primera sensación que me recorre al verla no es sorpresa, sino una oleada caliente que me sube desde el estómago hasta el pecho, una mezcla de rabia y deseo que me oprime el aire como si la presencia de esa mujer fuese un perfume demasiado intenso para ignorar. Entra en la sala con el andar de quien sabe que cada mirada es una daga que se clava en la piel de los demás, sus caderas se balancean con una cadencia lenta, estudiada, y el vestido carmesí que abraza su cuerpo parece estar hecho par